Aprendiendo A Vivir


ARLENE REYES SÁNCHEZ
arlene.reyes@gmail.com/Twitter: @arlereyes
 

Considero que solo aprendemos a vivir cuando la madurez nos desviste. Y cuando se empieza a madurar, la existencia se torna de otro color.

Atesoramos más las pequeñas cosas, van cediendo las exigencias; porque lo bueno, lo bonito o lo caro comienza a tener otro matiz. En la adolescencia, por lo general, queremos descubrirlo todo; somos esponjas de fregadero. Y experimentamos la alegría, la tristeza, la paz y la guerra en una sola alma. Pero, cuando nos hacemos adultos: damos prioridad a asuntos que nunca imaginamos. De querer estar al último grito de la moda (y esto no solo aplica a vestimenta, sino a costumbres o acciones del momento) o inundarnos el rostro de algún maquillaje; a no querer perdernos el tesoro de una puesta de sol en los estrechos de algún mar. Aprendo a vivir cuando soy más sincera conmigo y mis decisiones, las cuales al chocar, indiscutiblemente son capaces de abrazarse y decirse: “Sí, eso quiero y voy tras eso”. Cuando no me aferro a las cosas, sino que tengo la capacidad de soltar y dejar ir todo lo que pueda ser una carga. Cuando me veo al espejo en las mañanas al despertar y puedo sonreír solo porque tengo vida y salud. Entonces, enciendo la luz; abro las ventanas, miro al cielo y descubro que voy aprendiendo a vivir.

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