Mantengo El Optimismo


¡Saludos a todos!

Es de necios pensar que la vida es estática, que no evoluciona, que no está revestida de esa esencia vital para el desarrollo constante: el Optimismo.

El Caso Odebrecht significa, a la sazón, ese paso al frente que desgarra las vestiduras del entramado corruptor que reviste nuestro país de pobreza, clientelismo, injusticia y desigualdad. Y que tanto necesitábamos para iniciar ese cambio, esa evolución hacia nuevas formas del ejercicio político.

Es cierto que si no hubiera sido destapado por los norteamericanos, quienes vieron sus posibilidades de negocios limitadas por el arrastre amplio de las coimas ofrecidas por Marcelo Odebrecht, hoy no estaríamos presenciando el escándalo que no sólo destapó la podredumbre del sistema político en Latinoamérica, sino que de paso, en nuestro país, fulminó trayectorias políticas y provocó la moda del "lodazal".

Es redundar, porque los medios de comunicación y las redes sociales han ampliado sobremanera las informaciones acerca de la sentencia emitida por el Juez Francisco Ortega Polanco sobre los implicados en tan sonado escándalo, sin embargo es preciso señalar que con esta sentencia se está abriendo las puertas al castigo necesario que deben tener todos los funcionarios públicos y cualquier persona que ose atentar contra el Estado, poniendo en peligro la estabilidad ciudadana.

¿Cuántos miles de millones se sustrajeron por la sobrevaluación de obras del Estado por parte de Odebrecht, en complicidad con altos funcionarios y legisladores? Nuestros hospitales carecen de materiales e infraestructuras adecuadas para brindar un servicio decente. Nuestros estudiantes universitarios tienen que hacer malabares  para poder cursar una carrera, porque la única universidad estatal carece de todo, hasta de la vergüenza...

... todo eso es producto de la corrupción. Y es verdad, como escribiera el ex presidente Fernández, "que la corrupción es un mal Inherente al ser humano", sin embargo castigarlo, perseguirlo, condenarlo debe ser el objetivo principal de los gobiernos, cosa que él no hizo en su momento.

No comparto la politización que del tema ha hecho la oposición, quienes se ven afectados, precisamente  el PRM, con la implicación en el caso de varios de sus altos dirigentes, entre ellos su presidente y un legislador; ya que resulta temerario alegar que son presos políticos del presidente, ¿Entonces Temo o Radhamés son presos político también? Recordemos que Odebrecht empezó sus operaciones desde el 2001, período en que gobernaba el ex presidente Hipólito Mejía, y varios de los hoy implicados eran funcionarios y legisladores.

Ahora nadie es corrupto, todos son pulcros, impolutos, incapaces de robarse siquiera un alfiler.  Cuando el Juez Polanco le permitió a los implicados exponer sus consideraciones ante el juzgado, daba la impresión de que estábamos ante monaguillos explicándole al Padre que no se habían cogido  la ofrenda porque eso es pecado... ¡Por Dios! ¡Existe corrupción, pero no aparecen los corruptos!

Tenemos que aceptar que la corrupción en el país a alcanzado niveles insospechados, hasta convertirse, por desdicha, en un canon consuetudinario  (tradición), y eso hay que acabarlo.

La sentencia emitida por el juez nos da la esperanza de que se comienza a castigar la impunidad, de que producto de las investigaciones sobre el caso aparecerán nuevos implicados, quienes tendrán que sentarse en el banquillo de los acusados, y quien quita, también se compruebe que el paso por el lodo sí enlodó al hombre del lodazal y a otros más. ¿Es mucho pedir...?

Si "ahora empieza el pleito", como dijera el que más castigo recibió con la sentencia, Ángel Rondón, el hombre del maletín, debemos estar esperanzados, entonces, de que la novela tendrá capítulos interesantes, los cuales nos mantendrán expectantes en este largo, pero vital proceso.

¡Hasta la próxima!

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