La Música: “Más Que Sonidos, Un Arte Que Mueve El Alma”


«Me atrevo a predecir que la altura del sonido

será la principal diferencia entre la ‘música del futuro’ y nuestra música»

Stravinski, 1958.

La música es un tema debatido entre doctos; en ocasiones, tergiversada con argumentos conservadores, y mal aplicada por concepciones contemporáneas, otras veces. Esa amalgama discordante ha estado vigente desde tiempos remotos.

Desde la antigüedad la música ha sido una de las disciplinas más vinculadas al desarrollo de los pueblos. Un estudioso la definió como “la antigua sabiduría” de los hombres. Así, no resulta extraño que Baudelaire dijera que la música habla de nosotros mismos; o que Wagner significara que el arte de los sonidos expresa lo interno y lo ideal.1

Para algunos pueblos, la música era relevante para el emperador, producía como una especie de levitación. En otros, los soldados iban marchando a la guerra acompañados de una banda de música bajo una condición imperiosa.

La música ha sido contemporánea con la humanidad. Ha estado ahí. Adán gozó del privilegio en dar las primeras notas armoniosas y rítmicas, acompasadas de los latidos de su corazón recién nacido, al instante en que recibía aliento de vida, allá en el huerto de Edén.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, la etimología de música proviene del latín musicus, y este del griego μουσικ?ς mousikós; la forma femenina, del latín musica, y este del griego μουσικ? mousik?. En otras palabras, «Arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente».2

Para Stockhausen, «La música es un médium del espíritu, el médium más sutil, ya que penetra hasta los átomos del hombre, a través del cuerpo entero, no sólo de sus oídos, y los hace vibrar» (Helguera 1999:58).

La música afecta de manera positiva o negativa los sentidos por medio de las sensaciones sensoriales y las emociones. Nuestros sentimientos legitiman esta verdad. Por ejemplo, una canción o pieza puede traernos recuerdos gratos o tristes; e incluso, hasta nos amargamos. Algunos isos perduran en nuestro cerebro, ya sean universales, culturales o familiares. Muchas parejas han establecido una relación amorosa a través de una serenata. Cada nación, y también muchas instituciones, tienen un himno o canción lema. «Una melodía instrumental posiblemente no hablará de Dios, pero desatará una sensación de alegría o bienestar en el interior» (Laporta 1991:122).

Entonces, si hemos de hablar de que la música mueve el alma y que afecta positiva o negativamente los sentidos, indudablemente, es porque existe toda una estructura muy parecida al proceso de comunicación humana. Es decir, unos elementos de la comunicación, como se ha enseñado tradicionalmente, tales como: emisor, receptor, mensaje, código, canal, situación o contexto, que simultáneamente resultan idóneos para transmitir o recibir una información; información que tañería el estado anímico. De hecho, las cualidades del sonido –altura, timbre, duración e intensidad–, son las mismas presentes en el habla y en la música.

Cuadro sinóptico entre los elementos de la comunicación lingüística

y los elementos de la comunicación musical.

Elementos

Comunicación lingüística

Comunicación musical.

Emisor

Quien envía el mensaje.

Compositor.

Receptor

Quien recibe el mensaje.

Público, persona(s), espectador.

Mensaje

El contenido a comunicar.

Los sonidos musicales.

Código

Conjunto de signos.

Las figuras de notas (o musicales).

 

Canal

Medio por donde circula el mensaje:

  1. Natural: los sentidos (oído/sonido)
  2. Artificial: Creador por el hombre, teléfono, radio, prensa, internet, etc.

Medio por donde circula el mensaje:

  1. Natural: los sentidos (oído/sonido).
  2. Artificial: Partitura, sonidos, orquestas, instrumentos, etc.

Situación o contexto

Circunstancias, lingüísticas o no: dónde, cómo, cuándo, por qué, con quién…

Circunstancias: dónde, cómo, cuándo, por qué, con quién…

 

A propósito de que la música tiene los mismos “elementos de la comunicación”, véase a Palomares Moral (2004:14), cuando reflexiona sobre Comunicar la música, afirma que «En la música, la comunicación tienen mucho en común con otras prácticas comunicativas porque las claves de su existencia no consiste sólo en manifestarse empleando unos recursos materiales concretos, sino en cómo son sus formas de expresión y hasta qué punto su comprensión llega al intelecto.»

El universo de las letras no está ajeno a esas concepciones. En ese sentido, por citar un ejemplo, Duluc (2012:23) coloca una escena muy conmovedora, caracterizada por uno de los personajes del relato La Enigmática, donde se puede evidenciar el efecto producido por sonoridades musicales durante la presentación de una obra teatral:

Esa sensibilidad, preñada de emociones lúgubres, fue abatida por el realismo dramático de aquella obra de teatro. Las notas disonantes de la espontaneidad anonadaron su mente, trasladándola al lugar de los hechos. Parecía que esa sonoridad le recordaba algunos isos prenatales. Observé que se identificaba con esos sonidos, con esos sonidos de tristeza y desesperanza, propios de los náufragos. No era necesaria una exégesis rigurosa ni un análisis psicológico profundo para comprender que sus lágrimas sorprendentes revelaban uno de sus incontables misterios.

En el ambiente religioso, «Los cristianos suelen no ponerse de acuerdo acerca del estilo de música a usarse en la adoración, y definen con pasión su estilo preferido como el más bíblico o digno para Dios» (Warren 2003:68). A pesar de ello, se le atribuye a Ígor Stravinski haber dicho lo siguiente: «La música alaba a Dios. La música es mejor o es más capaz de alabarle que el edificio de la iglesia y toda su decoración; es el ornamento más grande de la Iglesia».

Según el Diccionario Bíblico Conciso Holman (2001:464), al referirse a la música, instrumentos musicales y danza, es la «Expresión de todo el espectro de las emociones humanas; sea en forma vocal o instrumental.» Por su parte, el Nuevo Diccionario Bíblico (1991:932), al referirse al mismo tema, afirma:

Resulta evidente, dadas las frecuencias en el Antiguo Testamento, que la música representaba un papel importante en la cultura hebrea. Según la tradición, Jubal, hijo de Lemec, que “fue padre de todos los que tocan arpa y flauta” (Gn. 4.21), fue el inventor de la música. La estrecha relación entre las artes pastoriles y musicales se evidencia en el hecho de que Jubal tenía un hermano mayor, Jabal, que fue “padre de los que habitan en tiendas y crían ganados» (Gn. 4:20). (Énfasis añadido)

En el Antiguo Testamento, en el primer  libro del profeta Samuel, capítulo 15,  existe un ejemplo muy conocido respecto al tema que reflexionamos. Allí se narra acerca del momento tormentoso que pasaba Saúl, primer rey de Israel, quien gobernó durante 40 años. Y fue desechado del reinado, porque había desobedecido una orden que Jehová había dado a través de Samuel. Saúl decidió escuchar al pueblo, en lugar de obedecer a Dios.

 

Diga, pues, nuestro señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen a alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando esté sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él toque con su mano, y tengas alivio. Y Saúl respondió a sus criados: Buscadme, pues, ahora alguno que toque bien, y traédmelo. Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él…Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él. (I S. 15:24-26) (Cursiva añadida)

En tal sentido, el Comentario Bíblico Moody del Antiguo Testamento (1993:288) nos contextualiza de manera breve y sencilla la situación de Saúl, y la gratificante intervención de David tocando para el rey, de modo que también nos sirve de interesante sinopsis sobre aspecto que hemos hablado anteriormente, tales como lo antiquísimo de la música, su uso terapéutico y militar:

Aparentemente una melodía tétrica, llena de sospechas, bordeando la locura, afectaba a la mente de Saúl. Para los hebreos, toda visitación, fuera de bien o de mal, venía directamente de Dios (Am. 3:6). La poderosa influencia ejercida por la música sobre el estado de ánimo era bien conocido desde los tiempos más antiguos; de forma que los hombres sabios de la Grecia antigua recomendaban la música para domeñar las pasiones, para curar enfermedades mentales, e incluso para dominar tumultos populares.

 

Asimismo, en los tiempos actuales, los psicólogos, psiquiatras, orientadores educativos, fisioterapeutas, entre otros, se valen de la música, como una herramienta terapéutica o musicoterapia, con la finalidad de ayudar a mejorar la situación de algunos pacientes, sin embargo, según una de las autoridades más relevante en esa área, el argentino Rolando Benenzon, «la musicoterapia no cura, pero mejora la calidad de vida».3

En definitiva, muchas personas muestran indiferencia a la música como arte. Si la música es “el arte de combinar los sonidos”, entonces quien ejecuta la música es un artista. Precisamente, en eso consiste su arte, en combinarlos con el tiempo.

 El arte musical, coexiste en la sociedad, en cualquier sociedad en el mundo. Forma un reglón dentro de la cultura: “la música es parte de la cultura”. Por lo tanto, todo individuo que consume una cultura debe asumirla como tal. Incluso, sonaría altivo o arrogante afirmar que la música, contrario a otros aspectos de una cultura determinada –tales como la lengua, la gastronomía, el aspecto étnico, la forma de vestir, entre otros–, es multicultural. Tiene carácter universal. Su universalidad está transculturizada. 

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1          Gran Enciclopedia Interactiva Siglo XXI. MMII EDITORIAL OCÉANO, Edición 2002, pág. 177.

2          Real Academia Española © Todos los derechos reservados [En línea] http://dle.rae.es/?id=Q9MHl5m

3          Teoría Benenzon. [En línea] http://www.benenzonacademy.com/teoria-benenzon

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