Literatura: “Goce Y Placer Estético”


La literatura no es más que la expresión misma del arte a través de las palabras. En cambio, el literato es aquel que se auxilia de las palabras y les da valor artístico. Él [el literato] debe, y es su compromiso, llevar de lo cursi a lo propiamente estético, de lo tosco a lo figurativo y poético, de lo imaginario a lo real y trascendental.

El arte es la expresión inmediata y espontánea del artista, expresión directa de la sociedad: es la esencia misma de la sociedad en diferentes manifestaciones. También la rebeldía suele ser otra manifestación positiva respecto al cambio. Esa ruptura, sentimiento espontáneo o intencionado de la rebeldía artística, es fundamental para la innovación. De ahí, entonces, el goce y disfrute son resultados de la apreciación y del juicio estético al objeto u obra.

Obviamente, el literato se alimenta mediante la lectura, de una lectura prolífera y selectiva, y crece, dicho artista, en su intelecto, cuando escribe, simultáneamente. Dos aspectos que debe fusionar, son: la lectura y la composición. En sus producciones, debe esculpir de manera exquisita un perfil psicológico en sus personajes, prosopográfico y etopéyico, creando un retrato sin estereotipos, y debe tratar de diseñar ambientes ilusorios, muchas veces.

En otro sentido, la tinta y la pluma son asuntos mediáticos, lo relevante para el artífice de las grafías son las imágenes resultantes de su imaginación y de sus previos conocimientos. Esculpe delicadamente cada figura. Esas figuras retóricas y, por qué no, literarias, pues eso es lo que queda. Ellas, en efecto, encierran el misterio a develar. Lo que él transmite. Es intencional. Se viste [el literato] de cobardía y se esconde detrás de su pluma para exteriorizar y teñir su mensaje íntimo a través de un rectángulo níveo con líneas verticales, como cayendo de una cascada.

El texto literario puede estar preñado de imágenes –incluso, surrealistas–; sin embargo, los resultados de su gestación, serán la realidad. No de acontecimientos periodísticos, crónica roja, sensacionalismo, experiencias parciales u otras colectadas en las veladas fraternas; sino, más bien, una realidad virtual, que sea validada por quien lee. Por consiguiente, la subjetividad es la sangre circulante por las venas textuales.

Casi para finalizar este comentario, quiero recordar que los antiguos griegos cultivaron todas las ciencias y todas las artes conocidas, hasta ese momento. Constituyen una cultura modelo. Ellos usaron la tragedia, un subgénero dramático y escénico, con la intención de producir goce y placer durante las festividades dionisíacas, a pesar de su trama lúgubre. Y entre más profunda, la trama, más cautivaba las neuronas del sediento lector o espectador. Esta literatura despertaba lo emotivo y lo cognitivo.

A modo de conclusión, respecto al enigma que envuelve el texto literario, no se descubrirá al abrir el libro, sino cuando usted se introduzca en la obra, haciéndose cómplice de la trama. Las palabras no sólo llevan un orden sucesivo, en tiempo y espacio, sino que, guardan un secreto que despierta de la imaginación. Por tanto, es necesario, pues, que la imaginación se mezcle junto a la obra. Esa complicidad entrañable hace de la apreciación un proceso menos complejo. Entonces, ¿es usted uno de los que solo ven letras en las obras literarias o de aquellos que observan una obra de arte en las letras?

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