Rehabilitar Vidas


Imagino que en eso pensó, doña Mary Pérez de Marranzini cuando en el 1963 decidió dejar de lado sus compromisos y planes personales para dedicarse a dar a los demás, la posibilidad de contar con servicios de medicina física y rehabilitación con calidad para aquellos que cuentan con menos facilidades. Pues, lo cierto es que los programas para el mejoramiento integral del individuo poseen costos por las nubes en la bella Quisqueya. Qué honor ha de ser el poder dejar de lado las banderas políticas y asumir una función del Gobierno dominicano con ahínco y determinación. Y es que debo admitirlo, si no rompía mi rutina, y me sentaba en una silla en el área de atención al usuario de esa entidad sin fines de lucro; jamás hubiese sentido lo que es ser paciente de un espacio que no se jacta de dar amor y esperanza en una sociedad sedienta de valentía y visión. Para entender su obra hay que adentrarse en sus pasillos y ser parte de sus historias y trayectos.

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