Populismo Vs Buen Gobierno


Hace varios años (10 para ser preciso) se me presentó la oportunidad de ser seleccionado, gracias al presidente del PRD en aquel entonces, Sergio Julio Muñoz, junto con un grupo valioso de jóvenes políticos, entre los que destaco a mi buen amigo Junior Matos, para realizar un diplomado sobre gerencia y formación política, auspiciado por la USAID, donde se procuraba incentivar la formación y el desarrollo de una visión política más democrática y menos clientelista (tarea un tanto utópica en nuestro país).

Entre los varios módulos en que estuvo divido el programa (ocho si bien recuerdo) hubo uno que utilizo como tema para está publicación: Populismo o Buen Gobierno, ya que si bien es cierto que el objetivo principal de todo incúmbete de alguna posición electiva es llevar a cabo un buen gobierno, no menos exacto resulta plantear la dificultad de llevar a cabo dicha tarea, máxime cuando el populismo es más atractivo para una población con grandes carencias y una visión distorsionada de gobernar.

En un país donde todos en algún momento hemos hecho vida política directa o indirectamente; donde hablamos con mucha elocuencia cuando se presenta el tema, donde nos creemos con la capacidad suficiente para decir lo que está bien o lo que está mal, pese a que no realizamos una investigación del asunto, seducidos por la motivación de decir lo que tenemos en mente, amparados en el derecho democrático que nos asiste, pero sin las ideas necesarias para sustentarlas.

Es necesario determinar, ¿qué es mejor, el Buen Gobierno o el Populismo? definitivamente me he metido en camisa de once varas, a sabiendas de que asimilar un buen gobierno sin populismo sería, para la población, como darle café sin azúcar o comer arroz sin habichuelas, sin embargo no necesariamente deben ir de la mano.

Para Aristóteles el buen gobierno debe resaltar el imperio de la ley, donde se cumpla sin exclusión los mandatos que establecen las leyes. Esto sin lugar a dudas trae como consecuencia un Estado de derecho fuerte en  procura de inducir a la población hacia un camino correcto en el marco del desarrollo sustentable.

Por otro lado, el populismo basa sus cimientos en la necesidad primaria de complacer a la población en torno a políticas que incrementan el clientelismo, hacen del prevendalismo una práctica frecuente, pero, sobre todo, incentivan el fortalecimiento del caudillismo que debilita los sistemas políticos democráticos, pues superponen los intereses de una persona ante cualquier situación.

En nuestro municipio, por ejemplo, muchos (para no decir mayoría) no asimilan el tema de Buen Gobierno sin la presencia del Populismo, a tal punto que si se toman medidas amparadas en la ley, pero distanciadas del populismo; como la resolución 020-2016-2017 que dispuso el Concejo Municipal, se tiende a maldecir y vituperar, ya que lo importante no es el principio de la ley sino del placer populacho que no observa lo ideal sino lo conveniente.

Es muy cierto que las necesidades y deficiencias de un Estado como el nuestro provoca la inobservancia a las leyes y estimula el apego al clientelismo o cualquier otra práctica que procure complacer a la población sin un mínimo de sacrificio, por lo que nuestros políticos se han visto tentados a realizar prácticas populistas momentáneas, pues no existen los recursos suficientes para hacerlas permanentes.

Ojo, debemos distinguir entre políticas públicas y populismo, entendiendo que la primera es un mandato del Estado al cual se debe estar apegado, y la segunda una motivación o estrategia destinada a ganar simpatías.

Lo apropiado sería que los dos conceptos (Buen Gobierno y Populismo) pudieran sustentarse mutuamente, sin embargo es difícil, ya que no habría manera de hacer cumplir la ley sin que en algún momento parte de la población se vea afectada.

En definitiva la realidad nos enrostra que llevar a cabo un buen gobierno depende en gran medida del consentimiento de la población no del cumplimiento a las leyes y mandatos, que en muchas ocasiones nosotros mismos violamos.

¡Hasta la próxima!

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