El Arte De Crecer


arlene.reyes@gmail.com/Twitter: @arlereyes
 
Madurar, más que una etapa es un enlace entre lo que firmemente creemos y lo que hacemos. La vida es un puente entre el ensayo y el error. Caernos, levantarnos y ponernos de pie es parte del tránsito por la existencia. Muchas veces nos aferramos a nuestra propia razón y no nos enfocamos en escuchar el punto de vista de los demás. Nos direccionamos más hacia nuestros criterios y obstaculizamos las fronteras del aprendizaje interior. Vivir es maravilloso cuando tratamos de que lo que decimos y hacemos guarden concordancia.

Reza el escritor Shoshan que “cuando ya no tengo dudas de mí, cuando paso por la vida con seguridad en quien soy, cuando mis pasos me llevan al lugar que quiero, cuando ya no lloro por pequeñas cosas, cuando mi vida empieza a tener sentido, cuando ya no dudo de lo que soy capaz...entonces sé que he madurado”.

Y es así, podemos ser jóvenes teniendo 60 años de edad, pues es en el espíritu y el alma en donde se archiva la eterna y solemne juventud.

 “La madurez es una bella etapa, es cuando sientes mayor seguridad en lo que haces y no necesitas explicarlo, la gente con solo mirarte ya lo sabe, y sin saber cómo, les inspiras confianza. Siempre habrá personas que se acerquen a ti. Eres como un vaso de agua en pleno desierto”...

Somos personas maduras cuando podemos dar y ofrecer amor. Visualizamos la vida desde otra perspectiva. Nos desnudamos ante el universo de los libros y creamos historias vivas y pedazos muertos...y así vamos tejiendo los manteles de la madurez, bordada de trazos de paz y armonía.

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