¡El Mejor Día!


Es ese instante donde no importan las tareas. Buscas ver lo bueno en todo lo que haces. Sonríes con tan solo ver rayitos de sol. Y así uno aprende a no detenerse en lo malo que hemos hecho; sino en caminar hacia lo bueno que podemos hacer. A no permitir que la culpa esté siempre presente en lo que se ha hecho, sino sostener la decisión de no repetirlo. No pensar en lo largo que es el camino de nuestra propia transformación, sino que en cada paso que demos estemos más cerca de ser lo que queremos ser. Y esto se consigue no estando confiados plenamente en nuestras propias fuerzas; solo poniendo nuestras vidas en manos de Dios. No tratando de que otros cambien; sino comenzando por nuestra propia vida. Dejando que el amor nos contagie y no defendiéndonos de él. Buscando alguien con quien compartir nuestras luchas hacia la libertad; una persona que nos entienda, apoye y acompañe. Levanta la mirada y solo contemplemos la meta y no veamos lo difícil que es alcanzarla. Si la felicidad y la vida dependen de alguien, y no de Dios, estamos apoyando la escalera en la pared equivocada. Aprendamos a mirarnos con amor y respeto. El mejor día es cuando vivimos sirviendo: Un regalo de la vida. Cuando damos, entonces vivimos amando.

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