Un Minuto


La prisa del día a día. La monotonía a veces nos desenfoca de lo realmente importante. La relación con Dios, la permanencia en la oración. Muchas veces no entendemos la diferencia entre religión y relación. Vivir una vida de propósito, abrazados en Dios, no es acudir cada domingo a una iglesia. Es el constante acercamiento con Dios por medio de la oración. Basta un minuto de conversación con Dios para que todo cambie. Nuestra fe, nuestra dirección debe estar puesta en Él, y Él todo lo hace. Porque aunque todo parezca oscuro, hay una garantía: los árboles volverán a mostrar su verdor cuando sean seducidos por los brazos, las manos sutiles y delicadas del sol, la luz de Dios. Cuando nos acercamos a Él con un corazón contrito y humillado, aprendemos a encontrar refugio y protección en la adversidad. Dios nunca te va a obligar a que vivas algo que no puedas soportar. Dios sabe lo que está haciendo con cada uno de nosotros. Él es el ingeniero y nosotros la obra en proceso con la cual el trabaja. Él nos edifica y nos da forma para que lleguemos a ser un hogar idóneo y podamos cumplir con su voluntad. Mantengamos la frente en alto, a pesar de que las luces parezcan apagadas. Dios se perfecciona en nuestra debilidad.

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