El Rostro De La Vida


Increíblemente estamos en el mes de diciembre. Es impresionante la prisa que llevamos. Cuando todo está tan a la carrera, perdemos el enfoque, y muchas veces hasta el entusiasmo. Es difícil dar la cara, salir a flote en medio de la premura del día a día. Sin embargo, no debemos olvidar ni mucho menos pasar por alto, la razón, el rostro de la vida: la perseverancia. Es la cosecha perfecta para observar frutos donde otros solo se quedan en el proceso de cultivo. Algunos llegan a la mitad del sembradío; otros en cambio, sobrepasan la expectativa de la cantidad de frutos diferentes a abonar. Los perseverantes saben muy bien que esperan oposición, pero no les sorprende cuando esta toca a la puerta. Aprenden a convertir cada piedra de tropiezo en los peldaños de la escalera que les permita hacer crecer la fe. Esta fuerza, tenacidad, es llegar al mar, luego de una larga caminata, y darte cuenta de que no hay un puente que te permita correr sobre la arena, y ver el revuelo del cabello ondeándose con la brisa. Lo único que hay son caracoles que se asoman en la superficie para recordarte que toda tierra llana tiene compañía. Algunos comienzan a lamentarse porque se encuentran perdidos. Otros, se animarán y afirmarán sus pies en ella hasta llegar a alcanzar el horizonte, que guarde el mejor atardecer. Tienes que considerar qué tipo de persona pretendes ser. Sé constante, perseverante; persiste, hasta llegar al final.

Perseverar es levantarte después de una caída y con determinación caminar hacia la meta. Es ejercitar cada día la confianza plena en el Señor de los espacios infinitos. Es sostenerte fuertemente del brazo de la fe en contra de todo: tormentas, viento y marea.

Es que cada huella sea pisada con tesón y plenitud, pues tienes la certeza de que algo más poderoso que tú guiará tus pasos. Es poner la mirada en la meta que en el fondo de tu alma, está preparada. Es dar pasos firmes, trabajando paso a paso. Es visualizar las pequeñas grandes victorias del día a día. Nuestro andar por la existencia no de debe estar determinado por sentimientos, sino por lo que sabemos y creemos que es posible, por fe, por obediencia. Con tu tenacidad y gallardía, estarás abriendo fronteras para los que vienen detrás de ti. Confía y obedece al dador de la vida y Él hará.

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