TESOROS QUE ACOGEN, REFLEJOS DE TAIWÁN…


arlene.reyes@gmail.com
@arlereyes

Un almuerzo, dos amigas. El olor fragante de ese adiós cuando se acerca el giro de la existencia. Sí, es así, mi amiga Melissa Mercedes y yo, mi mitad de este lado del mundo, es una amiga que llegó, cuando yo me negaba a abrir mi corazón a la cercanía, a la estrechez. He aprendido de ella, y entiendo que ella ha atesorado cosas de mi personalidad. Nuestras pláticas siempre ricas y constructivas, donde no hay espacio para las críticas que destruyen, donde el tema ha sido buscarle el lado bonito a la vida. Donde hablamos de las nombradas calorías que nos aquejan a las mujeres, donde, al final, terminamos convencidas de que no es el peso lo que da valor a un ser humano, sino la nobleza, lo que guarda en el corazón. Nada se hace con el cuerpo, ese que se desgasta con el tiempo, si no sé es capaz de ser feliz, al compartir alguna Coca Cola (obviando cuántas estrías o celulitis este gusto pueda ocasionar). Apreciando la seducción que provoca algún postre o café con detalles novedosos; o esas deliciosas comidas, difíciles de apreciar en Quisqueya. De esas eternas e inacabables historias de caballeros: cobardes y/o capaces, da igual, al final, el objetivo es recordar lo mejor del pasado, y seguir porque el ayer es solo cargar con un peso que no hace falta, que sobra. Y es que Dios es maravilloso, él busca siempre que sus hijos se entrenen en un lugar donde sus debilidades, adversidades puedan ser corregidas, sus talentos desarrollados y donde sus errores construyan obras de amor, de paz...Y lo más importante que reconozcamos: que si Dios nos hace esperar hoy por respuesta es porque batalla con nosotros en la lucha de la vida, para dar, en todo momento, solo lo mejor. Ciertamente, las bendiciones son bendiciones cuando vienen del Padre de los espacios infinitos. La fe no es un sentimiento, la fe es una decisión. Tu fe será tan débil o tan fuerte dependiendo de qué lugar, cosa u objeto la estén determinando. Si la fe está puesta en Dios, lo tenemos todo. Nunca pensé que en Taiwán iba a sentir tanto la presencia de Dios en mis días. A pocos minutos de mi examen final del libro tres de mandarín, la tierra tembló; no paraba de llover, y ocurrió un triste hecho de sangre en el MRT del gran Taipéi, pero antes que asustarme o dejarme ahogar por la situación, mi corazón y mi alma oraban en silencio, declarando que tengo un Señor Misericordioso, que muestra SU poder en mi debilidad. Y es que como expresaba el “Gabo”, Gabriel García Márquez: “Viajar es marcharse de casa, es dejar los amigos, es intentar volar. Volar conociendo otras ramas, recorriendo caminos, es intentar cambiar. Viajar es vestirse de loco, es decir “no me importa”, es querer regresar. Regresar, valorando lo poco, saboreando una copa, es desear empezar”.
Esta es la opinión del lector, no de Consuelocity. No está permitido difamar ni injuriar. Consuelocity.com se reserva el derecho de eliminar comentarios ofensivos. Sólo se permiten hasta 500 caracteres. Se recomienda no escribir todo el mensaje en mayúsculas. El lector acepta los documentos Términos de Uso y Política de Privacidad de Consuelocity.com.