CREE QUE TU PUEDES VOLAR...


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Twitter: @arlereyes

El título de esta entrada es una reflexión interna que tuve acerca de cómo andamos hoy en día. Sucede que mientras caminaba por las calles de Ximen, en Taiwán, decidí dar un salto, y caer cerca de una pared, que tenía pintada la frase “Believe you can fly”. No soy una chica muy extrovertida, pero sí estoy consciente de que muy dentro de cada ser humano, hay un poco de todo. Aún estoy sorprendida del porqué de mi interés en salir corriendo y tomar esa foto. Hoy, lo veo un poco más simple. Y es que un día antes, estuve muy satisfecha por haber llegado sin ayuda a Danshui, ya que no estaba tan lejos de la zona. Sin embargo, hubo un momento de ese día en que no me sentí muy alegre con en el recorrido. Sencillo: a la vuelta, me perdí. Pero, ¿por qué? Pues, como en la isla Formosa, puedes escribir sin temor de que te asalten para robar tu celular, me puse a redactar mientras caminaba, y así olvidé el trayecto. No obstante, siempre hay un ángel que Dios nos envía y nos hace volver al encuentro de todo. Un señor en pasola me rescató de aquella aventura, y aunque perdí mi amada gorra del Licey, me sentía feliz. Algo me daba confianza de que había un motivo, y al día siguiente: habíamos logrado la victoria. Pero, si bien estoy redundando mucho, ciertamente más que todo lo expresado, perderme fue una gran experiencia. Ya que cuando pensé que el día anterior había perdido la coherencia del camino, sostuve la razón de por qué había perdido mi celular en algún banco de Ximen, justo al otro día de haber vivido la vicisitud. Aquella noche, al salir disparada a tomar la foto en esa pared, sí, sí, era esto justo lo que quería explicar, lo perdí. Y es que uno vive tan conectado a la tecnología, a la Internet, que olvida el disfrutar lo que tiene en frente. Esos minutos y segundos que Dios nos regala no vuelven. Es muy cierto que pueden quedarse plasmados en fotos, pero a veces es a través de la misma foto que nos damos cuenta de lo que ocurría al lado nuestro, pues estar enfocados en la cámara no permite que nos percatemos de lo que está a nuestro alrededor, y así también cuando nos dedicamos a estar chateando o escribiendo, sin prestar atención a las personas, a nuestro alrededor, le estamos restando sentido a la existencia. Entonces, al haber perdido mi celular, descubrí que tenía un apego hacia él, y nada, absolutamente nada en exceso, nos hace bien. Y eso también, lo vi en los ojos de mi amigo Samuel Zaglul, quien, en un almuerzo de pastas, me decía que nunca había sido tan feliz como en Nicaragua, donde durmiendo con apenas algunas sábanas se sentía muy cómodo. Sin excesos, disfrutando de lo que ama: surfear y reír, no más. Todos deberíamos de sacar un tiempo para pensar en qué nos consume, qué nos resta tiempo y espacio; qué nos impide apreciar más el aire que respiramos. Ese es el mensaje que quiero plasmar, invitándoles a leer Eclesiastés: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad. Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír. ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol...”.
1. escribes bien pero..

Necesitas escribir con parrafos, es mas facil la lectura

2. hector desde qatar

Bellisimo mensaje y quien entiende que los pequeños detalles hacen las grandes diferencias y
reconoce que no es tan pobre de no poder decir buenos dias ha alguien dar una sonrriza ho pasar 5 minutos de su tiempo con sus seres queridos haciendo su consiencia mas morvida de frente a los verdaderos valores de la vida

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