VENTANALES DEL CORAZON


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@arlereyes

Cosa hermosa en la tierra es descubrir que lo se dice y lo que se hace guardan coherencia. La mentira, la arrogancia, el egocentrismo y la vanidad son, sin temor a equivocarme, las cicatrices más horrendas con que puede cargar un ser humano. Si la gente supiera el valor de la verdad, la sencillez y la pureza... Definitivamente estoy segura de que si hubiese en el supermercado algún producto para usarlas, se vendería fácilmente. Pues, definitivamente, cultivar y encontrar esas virtudes en un mundo de tantos espejos dobles es sumamente escaso. Tan desconcertados andamos que dejamos de lado que los simples destellos de la vida son los que logran inundarnos de eso que tanto andamos buscando: felicidad. Cuando ella está ahí, allí, allá, aquí; en todas partes. Porque vive en el lugar más cercano que podamos imaginar: el corazón. La sabiduría habita mucho más que en el alma de algún libro.

Respira más profundo que aquello que consideramos bueno o malo.

Sucumbe en los laberintos de la escasez de recursos o en los templos de riquezas. Se duerme en las tribunas de la oscuridad o vaga somnolienta en la luz del alba, da igual, pues reside en la esencia misma de la existencia, es decir, en la causa idealista, que se enciende cuando tu espíritu busca la bondad, es en lo invisible de donde surge todo. Guarda silencio. Conoce de ti en la calma, en la tranquilidad de la naturaleza. En el olor a pasto fértil de los campos. Es en esa zona donde escucharás al sabio, al maestro con quien caminas. Y cuando escuches tu voz en el camino de la vida, observarás que la lluvia es el resultado de que Dios llora contigo en tus tempestades; y verás cómo la buena voluntad se multiplicará en cada paso. Solo cuando uno es capaz de conocerse y saber lo que anhela, emprende un viaje hacia puerto seguro. Cuando se carga con la pesada mochila del egocentrismo, únicamente pasa lo siguiente: “El ego confunde a las cosas con su juicio, cree que las cosas son lo que él piensa que son; es más, el ego cree que las palabras son las cosas; el ego no vive, interpreta, es una constante actuación que nunca alcanza a la realidad. El ego le pone nombre a las cosas pero el inocente las ve, el ego las juzga, el inocente las vive; el ego divide, la inocencia armoniza diferencias, el ego depende de la mente, el inocente del corazón”, Facundo Cabral. Esconde la máscara. Borra los nudos de la memoria. Entierra el síndrome de competencia que devasta; empieza a sentir la brisa que arropa, que entra por los ventanales del corazón...
1. esto es asi

Todo cocinero cosina para que otro coma

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